Año Nuevo, blog nuevo

Enero ha llegado y, con él, los anuncios de perfumes dan paso a los de coleccionables. Nos venden que la Navidad es época de gastar y hacer regalos que no entrañen mucho riesgo, mientras que el arranque de un año es el momento idóneo para llenarse de buenos propósitos y empezar nuevos proyectos.

Uno se acerca al quiosco emocionado, con unas ganas tremendas de hacerse con el mástil de una espectacular goleta del siglo XVIII a escala 1/72 que podrá completar en 167 entregas a un precio “ligeramente” superior al de lanzamiento. Las semanas pasan y la embarcación soñada no avanza. La ilusión inicial se transforma en pereza y esta, a su vez, se torna en desinterés. Al final, uno se queda con un mástil, un timón, un cabo y un ancla y con la sensación de haber tirado el dinero.

Algo así ocurre con muchos de los proyectos en los que queremos embarcarnos con la llegada del nuevo año. Cada 31 de diciembre clavamos nuestra mirada en la Puerta del Sol esperando que el vestido de Anne Igartiburu vuelva a dar algo de juego y aprovechamos para soñar con lo que va a ocurrir desde ese momento hasta las próximas uvas.

El problema de los españolitos de a pie es que tendemos a soñar a lo grande y hacemos gala de una preocupante falta de realismo. Así a bote pronto me vienen a la mente señoras de 100 kilos que se proponen terminar el año con el tipo de Katie Holmes, víctimas de la Logse que planean hablar inglés como Shakespeare y escritores frustrados que se muestran seguros de que van a parir una obra redonda y ganar los 100 kilos del Premio Planeta.

Yo me encuentro en este último grupo. Me gusta escribir y tengo un par de ideas que, en mi calenturienta imaginación, me harían merecedor de un Príncipe de Asturias e igual incluso de un Nobel. El problema es que no encuentro el momento de plasmarlas negro sobre blanco. O que quizá no quiero encontrarlo.

Tras este ejercicio de sinceridad, este año he tomado la decisión de ir poco a poco, como deberíamos hacer todos. El libro llegará a medio o largo plazo, pero antes tengo que recuperar el gusto por escribir por puro placer y reencontrar (e incluso redefinir) mi estilo.

Por ello, hoy empiezo este blog, en el que intentaré publicar una entrada cada semana. Y lo hago con pseudónimo no porque quiera hacerme el interesante ni porque quiera complicar algo la vida a la NSA, sino porque quiero escribir sin las ataduras de mi nombre y de mi trabajo.

Nos vemos por aquí.

PD. Algún día os contaré por qué me hago llamar Colin Dahl.

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