Se desarmó el Belén

Hace unos años, visité Bruselas (Bélgica) a finales de enero y me sorprendió que mantenían parte de los adornos navideños y que las campanas de algunas iglesias repicaban cada cierto tiempo dando lugar a bellos villancicos. Igualito que aquí. Cada año colocan las luces antes y llega el 7 de enero y no queda ninguna. De hecho, sospecho que a este paso el encendido va a ser el día de la Fiesta Nacional. Me imagino hasta el titular del Huffington Post: “LLEGA LA HISPANAVIDAD”. Pero bueno, de lo que quiero hablar es de la precipitada retirada de los adornos navideños. No pido que el símbolo de la Lotería ilumine Sol hasta la próxima acampada indignada, pero sí que no nos arranquen nacimientos y luces cuando no nos ha dado tiempo ni a digerir el roscón.

Hoy, sin ir más lejos, he visto con mis propios ojos que en el cuartel general del Ejército han desahuciado a José y a María junto a su niño recién nacido. He visto el pesebre vacío… y no, Ada Colau no andaba por ahí. Me da pena esta precipitada vuelta a la rutina, esta invitación a olvidar lo que acabamos de celebrar.

Paradojas de la vida, habrá quien diga que “peco” de ultracatólico o de meapilas. Nada más lejos de la realidad. Simplemente me gusta recordar que la Navidad es más que un hortera “felices fiestas”, un pavo o un nuevo móvil. No critico que se hagan regalos o comilonas, sino que se celebren tanto unos días a los que muchos no les dan sentido alguno. También me gusta que vengan los Reyes y adoro reencontrarme con gente y comer bien, pero hay algo más.

Me pasa lo mismo con las luces de Navidad, no me disgustan los círculos de colores de Serrano o las cajas de Goya, pero me da pena que no tengan nada que ver con estos días. Mención aparte merecen determinadas iluminaciones y, de hecho, voy a recordar las peores ideas en este ámbito:

1. La palabrejas iluminadas: ¿Recordáis cuando alguien tuvo la genial idea de llenar una céntrica  calle de Madrid de palabras supuestamente vinculadas con la Navidad? Fiestas, ternura, adorno, lumbre, esperando, alegría e incluso resaca tienen un pase, pero ¿qué pasa con alubias, croquetas, lujuria, desagüe, mármol, canuto o escoria?

2. Los publiárboles: Oiga usted, señora alcaldesa, está muy bien que consigamos patrocinadores para ahorrar en luces, pero ¿por qué no intentamos que no nos metan semejantes goles? Quiero decir, el árbol de la Lotería e incluso el de Vodafone no están mal, pero el de la Mutua y el de Tous rozan lo denunciable.

3. Las lámparas de Ortega y Gasset: El que diga que ha pasado por la Calle Ortega y Gasset (otrora Lista) en un día navideño de viento y no ha temido que se le caiga una de las terribles lámparas, miente. Aparte de balancearse, se mueven peligrosamente entre la decoración de salón de bodas, bautizos y primeras comuniones y la de un lumis.

Y con esto, apago.

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